Bots en las sombras: cómo la RPA está redefiniendo el campo de batalla de la gestión de identidades y accesos
Mientras los bots de automatización de procesos robóticos se multiplican silenciosamente dentro de las organizaciones, están transformando los riesgos de seguridad y forzando un replanteamiento radical de la gestión de identidades digitales.
En la era de la automatización, una nueva clase de “empleado” está tomando silenciosamente el control del lugar de trabajo: no de carne y hueso, sino líneas de código que funcionan incansablemente en segundo plano. Estos bots de automatización de procesos robóticos (RPA) están revolucionando la eficiencia, pero también están creando un Salvaje Oeste digital para la gestión de identidades y accesos (IAM). A medida que los bots superan en número a los humanos en algunas empresas, nunca antes había sido tan crucial controlar quién - o qué - tiene acceso a los sistemas sensibles.
El auge de los bots - y los dolores de cabeza de seguridad que traen
Los bots de RPA sobresalen en la automatización de tareas repetitivas, desde la incorporación de nuevos empleados hasta el procesamiento de facturas. Aumentan la velocidad, reducen el error humano e incluso pueden ayudar a las organizaciones a cumplir con mandatos de cumplimiento al registrar cada movimiento digital. Pero esta eficiencia tiene un precio: cada bot es una posible puerta de entrada para atacantes, especialmente si su acceso no está estrictamente controlado.
A diferencia de los usuarios humanos, los bots no olvidan contraseñas ni se toman descansos para almorzar. Sin embargo, su actividad silenciosa e incesante los hace difíciles de monitorear. Muchas organizaciones aún almacenan las credenciales de los bots en archivos de texto plano o scripts - un tesoro para los hackers. Y cuando a los bots se les otorga acceso amplio y sin restricciones, una sola brecha puede permitir a los atacantes moverse lateralmente por toda la red, exfiltrando datos sensibles en segundos.
Crisis de identidad: gestionar el acceso de bots a gran escala
El primer paso para poner orden en el caos de los bots es tratarlos como “ciudadanos de primera clase” dentro del ecosistema IAM. Cada bot debe tener una identidad única y de alcance limitado - nunca compartida, nunca reutilizada. Las herramientas de gestión de secretos pueden ayudar almacenando y rotando de forma segura las credenciales de los bots, asegurando que nunca permanezcan en lugares vulnerables.
Las soluciones de Gestión de Accesos Privilegiados (PAM) también son esenciales. Al aplicar acceso justo a tiempo y registrar cada sesión privilegiada, las organizaciones pueden limitar los daños incluso si las credenciales de un bot se ven comprometidas. Y aunque los bots no pueden usar autenticación multifactor, exigir MFA a los operadores humanos que gestionan los bots añade una capa extra de defensa.
Los sistemas IAM heredados suelen fallar al integrarse con herramientas modernas de RPA, lo que genera brechas de visibilidad y aplicación inconsistente de políticas. Por eso, alinear la RPA con la seguridad de confianza cero - donde cada identidad, humana o máquina, es verificada continuamente - se está convirtiendo rápidamente en el nuevo estándar de oro.